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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

miércoles, 18 de noviembre de 2009

PAJARILLOS

Dibujo a plumilla, Autora: Higorca
Es una suerte este año, a las alturas que estamos y todavía hace una temperatura excelente, tanto que mi jardín esta poblado de flores y de pajarillos. Me gusta verlos y año tras año siguen viniendo una gran variedad. Claro que están de suerte, siempre encuentran comida, higos que se han caído de la higuera, semillas de flores que también les gusta y sobre todo pan remojado con un poquito de agua que le ponemos sobre la mesa, es precioso ver la cantidad de ellos que acuden, aunque los gorriones no les dejan comer, se hacen los dueños y señores.
Lo más bonito es, que se pueden encontrar entre las hojas (todavía) de la higuera u otro de los árboles que lo pueblan. También duermen algunos entre las ramas de la parra virgen que tenemos en forma de porche, otros en una de las vigas de otro porche que tenemos en el otro lado, por las mañanas les oímos piar, como si se peleasen por llegar el primero al estanque para poder beber agua o lavarse la cara, atusarse el bello plumaje para ponerse elegantes.
Miro a través de los cristales para no asustarlos, casi no me muevo y estoy un rato contemplándolos. Saltan de rama en rama, sin miedo, alegremente, sin temor, claro que deben percibir que sería incapaz de hacerles nada, ¡son tan indefensos!
Tenemos ruiseñores, ¡Que dulce canto en el atardecer! Dicen que hacen los nidos en los matorrales muy espesos, son de plumaje oscuro, muy elegantes.
Me gusta mucho poder mirar el petirrojo entre las ramas del membrillo, sus hojas brillantes, verdes todavía, y él saltando de un lado a otro con su pecho rojo que destaca y al mismo tiempo se deja ver desde lejos. Los mirlos negros con su pico amarillo que ahora escarban la tierra en busca de gusanillos, lombrices u otros animalillos infinitamente pequeños con los que alimentarse, todavía guardan su nido en un albaricoque enorme.
Pero lo más tierno ha sido hoy. Cuando he subido para ponerme a trabajar, dando con el pico sobre el cristal de la puerta de la terraza estaba uno de ellos, parecía que estaba llamando a la misma, como si quisiese entrar dentro, era muy pequeño, verdoso, parecia una bolita de algodón de un bello y suave color, sin salir me he agachado como si quisiera acariciarlo, no se ha movido, me miraba y no se movía. No podía abrir, mi gata, Peggy, también estaba al acecho y ella si es una buena cazadora, tenemos que tener cuidado de lo contrario sale y se los "carga", luego no se los come, pero de momento ya los ha dejado sobre las piedras inertes. Claro que dicen que es la supervivencia, aunque a ella no le falta la comida.
Ahora todavía no hace frío, pero pronto esta bonanza se terminara y mis aves, esos seres indefensos tendrán que refugiarse un poco más de lo contrario alguno no lo resistira.
Bella la naturaleza que tanto nos da, respetemos todo lo que nos rodea es maravilloso.