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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

lunes, 19 de octubre de 2009

UNA BONITA ESTAMPA EN UN DIA DOLOR

Ayer tuve que ir a un funeral, no tiene nada de especial ya que como todos siempre hay temporadas que no se porque, le da a la gente por morirse, quiero decir personas que conoces y que de alguna manera aprecias, intento ir a los menos que puedo ya que no es cosa de mi gusto, además todos aquello que me conocen lo saben y suelen perdonar mi falta al acto.
Otras veces no se puede evitar y hay que hacer acto de presencia; a lo mejor aquellos que lo lean pensarán que soy un poco tonta o extraña, quizás lleven razón pero cada uno somos cada uno y no es cuestión de criticar.
Yo conozco alguna que otra señora que como se aburren soberamente en sus casas y si van al cine es cuestión de gastar pues se dedican a pasarse los días en los tanatorios que no se hace otra cosa que cotillear o hablar de frivolidades en si.
Pero ayer me toco y encima era domingo, la verdad es que no me dolió ya que la persona en si era muy conocida en el pueblo, pero más que eso, era una gran persona. -Era un hombre de palabra, nos dijeron aún después de salir de la iglesia. -Era un hombre de los de antes, te daba la mano y con eso bastaba, no hacía falta papeles, su palabra subía al cielo si era preciso.
¡No me extraño! Era padre de una gran familia, una familia extraordinaria, creo que de las que quedan pocas, educadas, humildes, sin alardes, cada hijo con un estilo propio de la familia pero cada uno distinto en todo, también en su forma de pensar y de ser, eso sí, sin perder nunca la educación y ejemplo que vieron y recibieron de sus progenitores.
Yo no conocía a todos, pero aquellos con los que he tenido la suerte de compartir doy fe que los admiro, les quiero, me gusta su forma de ser, cada uno en los distintos "trabajos", su educación y humanidad es tal que tienes que quererles por encima de todo, luego al conocer más cosas de ese padre por el que estábamos rezando pude comprobar de quien les venía.
No me gusta dejarme ver mucho, estoy, pero ya lo saben que estoy, intento pasar desapercibida ¿para qué? Si los pobre están cansados de tantas horas como han tenido que soportar a todos aquellos que pasamos por el tanatorio, si la iglesia esta llena es porque hemos querido estar a su lado, pues ¡ya esta! Termina la misa y cada uno a nuestra casa y los que quieran ir al cementerio les acompañan, y, punto y final.
Me tuve que poner sola, ya que mi marido tuvo que acompañar a un amigo que en ese momento le necesitaba y como es costumbre (tampoco lo se) los mayores se ponen en unos bancos casi en "preferencia" y me pregunto ¿Será para que los vean bien? No encuentro la historia, separarse de las mujeres ¿Será por la igualdad?
Sea como sea, me encontré sola y monda, intente ponerme donde no me vieran mucho, tampoco se porque, pero siempre pienso que yo precisamente no soy la protagonista, entonces mejor ponerse donde menos se estorbe a fin de cuentas Dios o la Virgen es lo único que importa y seguro que ellos si nos ven.
Pero gracias a eso pude ver una estampa de lo más bonito, algo que por un momento me hizo olvidar donde estaba y porque estaba allí y que me perdonen, pero estoy segura que el señor García-Morato sabrá comprender.
Mientras me estaba esperando cerca de la puerta pero en un lugar discreto vi como iban llegando a la parroquia el duelo, la familia. Encabezando el mismo iban, o por lo menos eso me pareció,iba el hijo del difunto que además es el único que tiene el mismo tipo de "trabajo" que tenía su padre. Él iba acompañado por dos de sus hijos, un chico y una preciosa hija, la niña parecía una muñequita, estaba maravillosa, es una jovencita esplendida, vestía toda de azul marino con unos zapatitos rojos que dejaban ver una figura esbelta y fantástica, la verdad es que la niña es una morenaza que hay que mirarla, como decían antes "que quita el hipo" pero los que la conocemos sabemos de su delicada educación y saber estar, claro que de casta le viene, por que no puedo por más que recordar a su madre, una mujer de rompe y rasga en todos los sentidos, amiga de sus amigos, pero siempre sabiendo donde esta y hasta donde se debe llegar. No se por que me sentí orgullosa simplemente por estar allí y poder ver esa maravillosa "estampa"
Por unos momentos olvide donde estaba, recordé unos tiempos pasados en otros lugares muy distintos a estos, con otras personas rodeandome e incluso en el altar uno de los hijos del difunto estaba celebrando la Santa Misa funeral acompañado de otros sacerdotes compañeros suyos, por un momento mirando ese lugar, no le vi a él vino a mi aquellos imborrables recuerdos. D. E. P don Laureano García-Morato