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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

jueves, 17 de septiembre de 2009

¿QUIEN DIJO VIEJO?

Hace pocos días fuimos a ver un museo, entre todos los visitantes había un grupo de personas que rebosaban alegría, miraban todos aquellos cuadros con máxima atención y comentando cada uno de los detalles, cada una de aquellas pinceladas.
Me gustaba mirar y escuchar aquellas amenas conversaciones. Me acerque un poco más a ellos, puede deducir que no eran menores de ochenta años.
Eran lo que ahora se ha dado en llamar ¡de la tercera edad!
Su jovialidad era tal que transmitían a todos los que allí nos encontrábamos su misma afición, visitar museos, galerías y todo aquello que huele a la palabra arte.
Cierto es que los mayores no pagan, pero pensándolo bien tampoco el estar sentar sentado en un banco o delante de la televisión sea cosa de necesitar mucho dinero.
Pero aquellos, eran felices aún a su edad queriendo aprender, queriendo saber de quien era cada una de las obras que habían colgada en las paredes. Quien era cada uno de aquellos artistas que allí, en aquellas salas se encontraban.
Acercándome más descubrí que alguno de ellos manejaba el pincel, le pregunte, si, le gustaba pintar, dibujar y hasta hacía sus pinitos con el barro.
- No se crea - me explicaba.- Tenía ya setenta años cuando he empezado, me "podía" el gusanillo de los colores, también del lápiz y un buen día me fui a una academia y hable con el profesor, casi me daba vergüenza, pero él, el profesor, me dio toda clase de confianza y ahora estoy muy contento, dice que he aprendido bastante, claro que todavía me falta mucho...
-Me gusta venir a ver las exposiciones, me traigo al grupo de amigos y les explico todo lo poquito que yo se, me gusta también leer y me compro, o voy a la biblioteca y cojo libros de grandes maestros de pintura y escultura, se aprende mucho de ellos ¿No crees?
Yo lo miraba atentamente y mientras me preguntaba ¿Estos señores son viejos? Al escucharlos y ver como hablaba, pude comprobar que es viejo aquel que quiere serlo, no hay edad, la ilusión y las ganas de vivir nos alarga nuestra vida, da alegría poder comprobar que no importa la edad, son las ganas que cada uno tiene, porque a veces te encuentras con gente joven que no tiene aliciente ninguno, esos son los realmente viejos. Estos que yo he conocido seguro que no, es gente llena de vida y de alegría. Viva los ochenta años.