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lunes, 6 de julio de 2009

SIETE DE JULIO SAN FERMIN


Hoy al oír a través de la radio el CHUPINAZO que anuncia las fiestas San Fermin en Pamplona (Navarra) no he podido frenar ese escalofrío y unas lágrimas que se agolpaban en mis ojos. Algo se removía dentro de mí, los recuerdos han vuelto de nuevo, recuerdos en estas fechas llenos de ilusión, nuevamente.
También yo acompañada de mi marido hace unos años estaba en esa plaza, en la plaza del Castillo, vestida con las ropas típicas san fermineras, blanco y rojo. Nos invitaron a ver todo el evento en uno de los balcones de la Coral Pamplonesa, la más antigua que existe. Fue algo inolvidable y más cuando hace tres días te ha comunicado tu médico, ese médico que ha luchado con todas sus fuerzas por salvarte la vida y que lleno de alegría como un fantástico éxito y pensando que ha podido realizarse un milagro. Cuando por fin te han dicho que estás curado, es algo grande, algo indescriptible.
Desde ese balcón, a una altura prudencial, levantas los ojos y das las gracias por esas noticias y ver que a tu lado sigues teniendo a la persona que más quieres o mejor que más te quiere.
Puedo decir que también yo grite con todas mis fuerzas VIVA SAN FERMIN, o GORA SAN FERMIN, luego brindamos con todas aquellas personas que tan amablemente nos habían invitado.
Pamplona estos días hierve, bulle de alegría, de gente dispuesta a divertirse, aunque sea con riesgo, corriendo delante de esos bravos toros, astados que saben su camino si nadie les molesta en demasía, pero que se vuelven fieros si alguien se interpone en ese correr que más bien es a una muerte segura, eso sí dando un espectáculo maravilloso, lleno de colorido, de una plástica especial, una fiesta muy española, nuestra, al final la lucha por el poder de la vida o de la muerte, la lucha del hombre y la fiera.
De todo tienen esas fiestas del santo patrón, no solo es riesgo, no, es buen comer y buen beber ya que la gastronomía navarra es muy rica y los navarros buenos gourmets, el estómago sabe de buenas viandas, da igual restaurantes como tapeos, todo es de un sabor que llena.
De alguna manera también nosotros tenemos por nuestro patrón a ese pequeñisimo santo, pequeño pero grande para todos aquellos que le conocen.
De nuevo: VIVA SAN FERMIN, VIVA LAS FIESTAS EN PAMPLONA.