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Portada: Higorca

miércoles, 27 de mayo de 2009

LAS RANAS DEL ESTANQUE




En el jardín de mi casa hay un estanque. No es muy grande pero si muy agradable, esta rodeado de unas grandes piedras, unas piedras llenas de agujeros, son bonitas, si muy bonitas, me gustan por que en cada uno de esos agujeros sale tomillo, romero, salvia o margaritas pequeñas.
Dentro como es natural hay agua, también hay una serie de plantas; nenúfares en flor, altos y verdes papiros con su característica forma de paraguas, unos paraguas formados de tiras que son las cintas de la planta, Adornan y además dicen que como tienen las raíces flotando depuran el agua.
También hay unas esbeltas calas, que ahora están en flor, esa flor blanca, pura, con su "cigarro" que sale del interior, con sus grandes, brillantes y verdes hojas. Todo ello forma un entorno maravilloso, fantástico.
Claro que eso solamente es el entorno que decora un estanque donde habitan unos peces de colores que pasean y se mueven por toda esa maraña verde y opaca del lugar. Peces rojos, amarillos y naranjas que al mirarlos parecen ser felices en su hábitat, además al principio habían simplemente unos pocos, pero a medida que ha pasado el tiempo, se puede ver que han criado y hay muchos más.
Y entre todo eso cuando viene el buen tiempo, la primavera camino del verano se pueden ver unas ranitas sobre las piedras o sobre las hojas de esos perfumados nenúfares que están tomando el sol.
Están inmóviles, como queriendo pasar desapercibidas para que nadie las moleste, ahora eso sí, si notan algo extraño rápidamente saltan y se van al fondo del agua.
Hace un año ese estanque se estropeo y se tuvo que sacar los peces, las plantas y se suponía que las ranas, pero cuando se había sacado toda el agua, las ranitas habían desaparecido. Por otro lado no es extraño ya que en invierno ellas invernan y desaparecen de inmediato.
Eso pensarón aquellos que arreglaron el fondo de aquel estanque.
Pero aquella obra se termino más pronto que se había pensado y todo quedo de nuevo en su lugar como si nada hubiese pasado.
Llego la primavera y todos los días iba a mirar si habían vuelto las ranitas, nada, pasaban los días y no se dejaban ver.
¡Qué raro! Los niños cuando venían las buscaban, nada, ese verano no habían ranas, ya no se oía ese croar del macho rana que sirve para llamar a su amada, es muy gracioso ver como se "hincha" su globo y al soltar el aire es cuando croa, cuando hace ese sonido tan característico, sobre todo por la noche cuando las estrellas brillan en el cielo y las demás criaturas están durmiendo.
Ha pasado el invierno, me acercaba al estanque buscando los pequeños animales y de paso ver si habían más peces, peces chiquititos, los nuevos hijos del lugar. Ellos si se han multiplicado, pero ellas no, no están.
¡¡¡Ha!!! De nuevo la otra noche se pudo oír la voz amiga del macho llamando a su amada. ¡¡¡Han vuelto!!! Han vuelto de nuevo al hogar.
Al mediodía fui a ver si era verdad o si acaso en mi ansiedad lo había soñado. No, no eran sueños, allí estaban de nuevo, las cuatro, me miraron pero no se tiraron al agua, me miraban como queriendo decir - aquí estamos, hemos vuelto.
Me acerque, no tenían miedo ¿Me conocían? A fin de cuentas durante muchos años habían estado junto a nosotros.
Fui feliz, al mirar a mi alrededor pude contemplar un cuadro precioso, me acompañaban, mi perro Guffy, mi gata Peggy, y un mirlo que siempre esta en el jardín de casa.
De nuevo estamos todos juntos, ha llegado el buen tiempo. el jardín esta completo