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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

martes, 3 de marzo de 2009

UNA BONITA HISTORIA DE AMOR

Fue en uno de mis viajes de trabajo a Nueva York, cuando tuve la oportunidad de conocer a la protagonista de esta preciosa historia.
Es fácil que pueden haber muchas que sean apasionantes, o, románticas ¿Por qué no? Pero estoy segura que cuando se conoce esta, pensamos todos; verdaderamente es una historia distinta, y... es distinta por que se cruza un amor maternal y un amor con flechazo certero hacia otra persona.
Algo impensable por la protagonista. Por lo menos y según ella, en la primera época que yo la conocí.
En una de las emisoras de aquella gran ciudad trabajaba una comunicadora joven, bastante joven, muy guapa, una chica de tipo esbelto, melena larga rizada, lo que se puede decir es igual a una muñeca.
Al hablar con ella nos podíamos dar cuenta que además de ser una persona joven era al mismo tiempo una mujer madura, tremendamente madura. Eso quizás era debido a las circunstancias que ella había vivido en su familia.
Elvira (que así se llama) se creía una feminista recalcitrante. En su trabajo era admirada y al mismo tiempo respetada por todos sus compañeros, es más se sentían orgullosos de tenerla cerca.
Era una gran profesional, una gran locutora, llevaba el programa a la perfección y cuando tenía que entrevistar a cualquier personalidad, siempre tenia la sonrisa en los labios, la simpatía a flor de piel, haciendo que el entrevistado se sintiese como en su propia casa. Algo que se agradece cuando es la primera vez que se entra en un estudio.
A Elvira, le gustaban mucho los niños, era hija única y se sentía como un poco sola, por esa razón deseaba con fervor tener un hijo ¡eso sí! sin casarse.
Tenerlo, criarlo, tener cerca un pequeño en quien volcar todo el amor que llevaba dentro. Ella sabría darle la educación necesaria y sobre todo, su cariño, ese amor de madre que llevamos casi todas las mujeres.
Todos los que la conocíamos pensábamos que era un hablar ¿Como iba a tener un bebe sin tener pareja?
La veíamos tan madura, tan formal que nadie se creía aquellas palabras.
Paso un tiempo y a la vuelta de otro viaje supimos que tenía un niño. Un precioso bebe. Un muñeco igual a la madre, ella rebosaba felicidad.
Y fue entonces cuando la naturaleza la doto todavía más de belleza, de madurez, de sensatez. Se notaba en sus ojos la alegría y las ganas inmensas de vivir, de lucha por aquel ser menudo que "alguien" le había regalado.
El niño fue creciendo y ya desde muy chiquitin se le notaba, la bondad que desprendía.
Un día a mi amiga le propusieron dirigir y presentar un programa en su emisora dedicado a la mujer, aquello fue un exito, como todo lo que ella protagonizaba.
En uno de aquellos programas invito a una mujer joven, después de entrevistarla ella se espero a terminar el programa salieron las dos juntas a la calle. Estuvieron hablando y durante aquella conversación la entrevistada le hablo de su hermano.
Tanto le hablo, le alabo que al final Elvira medio en broma, medio en serio le comento que bueno, a ella no le importaría conocerlo.
Quizás lo dijo pensando que se olvidaría del tema y no se volvería hablar nunca más de ello.
Pero no fue así, no, a la semana siguiente cuando termino el programa allí estaban los dos hermanos, después de las presentaciones, salieron juntos de la emisora y estuvieron tomando un aperitivo ya que era la hora perfecta para ello.
Como el que no quiere la cosa; medio en serio, medio en broma la amistad siguió adelante, claro siempre con el consentimiento del hijo de Elvira.
Ella le hablo muy claro al pretendiente, en realidad si no le gustaba al niño nunca llegarían a nada.
A Rafael, ese era el nombre del novio, o pretendiente, le gustaban mucho los niños y supo dar al pequeño todo su cariño y comprensión, tanto que rápidamente se quedaron los tres juntos.
Se casaron ya que todos estaban de acuerdo, estuvimos en esa boda, fue algo emocionante. Siempre son tres.
Han pasado los años y siguen tan enamorados como siempre, les ha salido un precioso hijo, con la misma belleza exterior e interior que la madre, al mismo tiempo con el respeto, educación y saber estar que esa persona excelente que es, o hace las veces de padre le ha inculcado, le ha ido entregando paso a paso. Un padre digno de todo respeto por parte de todos.