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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

jueves, 5 de febrero de 2009

HOMENAJE A UNOS AMIGOS, QUE PARTIERON A BUENOS AIRES

A veces una conversación, un correo o simplemente un recordatorio, y vuelven todos los pensamientos a unos años de niñez a los cuentos que los padres o abuelos nos contaban, o muchas veces los vecinos ya que todo era distinto a estos tiempos actuales, los vecinos eramos una gran familia, ahora ya no es lo mismo apenas nos conocemos.
Aquellos cuentos eran todos ellos una enseñanza. Nos gustaba escuchar. Y los mayores disfrutaban narrando aquellas pequeñas historias mientras los mirábamos "embobados" esperando el feliz desenlace.
Yo era una niña pequeña, la más pequeña de la familia, no dejo de reconocer que estaba un poco mimada, también es verdad que según aquellos que me conocían, dicen que por aquel entonces era una niña más bien buena.
Eso si me gustaba mucho jugar, tenía un perro más bien pequeño, y al pobre lo tenía martir, nos gustaba estar en el jardín que tenia mi casa. El pobre animal si que era bueno me aguantaba todo, sin ladrar y lo mejor nunca me mordió, bendito perro.
Justo al lado, en el jardín que estaba pegando al nuestro, moraban unos vecinos, todos ellos ya mayores, quiero decir adultos, tenían dos hijas en edad casadera: Montserrat y Carmen. Aunque era pequeña recuerdo su simpatía arrolladora, en aquella época en mi tierra natal ya jugaban en un equipo de baloncesto. Eran altas y bien formadas, morenas. Montserrat tenía el pelo rizado, su melena era espesa y rizada.
Me gustaba peinar su pelo y ella me dejaba, jugábamos siempre las dos y sobre todo me contaba muchos cuentos, le gustaban mucho los niños y yo era la que más cerca estaba, me veían por la reja que separaba las dos casas. También Carmen era muy buena, la verdad que ellas me querian mucho, pero yo las adoraba.
A veces cuando mi mamá o alguien de mi casa me reprendía, yo que enseguida lloraba, ellas rápidamente me oían y salían al jardín para llamarme: nena, nena. Así es como ellas me llamaban, también en mi casa, costumbres de una tierra.
Pasaban a mi casa me cogían con todo cariño y me llevaban a jugar, sobre todo a explicar aquellas narraciones fantásticas.
Recuerdo a Fernando que era el padre y un día buen susto me dio, se estaba afeitando con la cara llena de jabón, yo que no me lo esperaba me asuste y creo que aún estoy corriendo y mis amigas detrás de mi.
Pero un día estaban en mi casa los cuatro, hablaban con mis padres y oí que les decían que se marchaban a Buenos Aires, yo que era muy pequeña para saber donde estaba esa capital, pensé distinto a la realidad, cuando se fueron le pregunte a mi papá ¿Donde esta Buenos Aires? Él me puso sobre sus piernas y me dijo que eso estaba muy lejos, se tenía que cruzar el mar, que era un país muy bonito pero que difícilmente volverían a estar cerca.
Aunque mis pocos años no me dejaban tener noción de los kilómetros, si entendía que ya no jugaría más con ellos. Que no los vería por mucho que los llamara por la reja del jardín, llore mucho me abrace a mi buena amiga Montse y no quería soltarme, mi papá me cogió y vi como se iban envueltas en lágrimas.
Siempre recordare cuando partían en un coche, se alejaban de mi. Nunca volvería a verlas.
Durante muchos años las cartas iban y venían, mis amigas se casaron y tuvieron niños.
Luego cuando todo cambió en Argentina ya no supimos nada de ellos.
Aún hoy no puedo recordarlos sin que mis lágrimas asomen a mis ojos y me pregunte ¿Donde estais queridos amigos?