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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

martes, 24 de marzo de 2009

LAGUNAS DE RUIDERA

Parece que el tiempo climatológico le gusta acompañar a unos días de descanso, de relajo entre el invierno duro manchego y el verano que según dicen las gentes entendidas, también nos va a venir un poco caluroso.
Bueno a todos aquellos que nos gusta la "calorcita" bienvenido sea.
El domingo día 22, acompañados por unos amigos que vinieron a pasar el fin de semana con nosotros, decidimos ir de ruta, de excursión de un solo día. La verdad es que amaneció esplendido, lleno de luz, de esa luz manchega que es algo imponente, una vez que se conoce, es como si te atrapara.
Salimos un poco temprano, y como el que no quiere la cosa nos fuimos a dar un paseo hasta Las Pedroñeras, capital del ajo.
Y ¿Quien se resiste a estar en ese lugar y no comer en el restaurante Las Rejas? Para aquel que no lo conoce, se extraña al llegar a la calle y ver poco, casi nada, simplemente una puerta antigua, eso sí, sobria y diremos que elegante.
Luego al pasar dentro, la cosa cambia, es algo ¿Como lo podemos decir? Las mesas de un gusto exquisito, todo ello de una sobriedad típica de la tierra, quizás un poco exagerada, por que las paredes resultan frías, desnudas, sin ese calor que dan unos bellos cuadros, ese toque de color, de vida, que también son necesarios.
Eso sí, es otro mundo, Manuel de la Osa ha sabido dar el toque perfecto a esa fantástica comida. Tiene un servicio perfecto, de una educación esmerada, sabiendo en todo momento dar al cliente esa satisfacción, el placer de sentirse en otro mundo.
La cocina mágica, excepcional, exquisita, acompañado o regado con unos caldos que dan al paladar unos matices únicos.
Todo magnifico, dándolo todas nuestras felicitaciones: a la cocina y al servicio. Fue una pena no poder felicitar personalmente al Señor de la Osa, por no encontrarse cerca, eso decepciona un poco. Compensa los sabores que se quedan en la boca y también en el pensamiento.
Seguimos con nuestra excursión y decidimos ir a las Lagunas de Ruidera. La tarde era espléndida, había eclosionado la primavera y la gente decidió ir hasta ese majestuoso paraje.
Todo el parque era un hervidero, verdaderamente se estaba muy bien, apetecía pasear por el. Las lagunas llenas a rebosar, las aguas tranquilas, serenas, parecían espejos, al mirarlas, podíamos ver todo el paisaje reflejado en ellas con miles de matices, los contrastes eran fantásticos.
Se podía pintar un extraordinario cuadro, plasmar en un lienzo aquella belleza sin igual.
Un oasis en La Mancha. Un oasis de cuento de hadas, de árabes perdidos en una tierra inigualable, de contrastes dispares, de una riqueza en fauna impensable. Aves de todas "razas", de todo plumaje, de todos los colores que la naturaleza les ha colmado.
Ánades reales, cercetas, fochas, patos colorados y somormujos "navegaban" alegremente por las tranquilas aguas. Muy elegantemente parecían invitar a todos aquellos que los mirábamos a meternos en las cristalinas aguas.
Las aves con sus trinos y sus cantos nos estaban diciendo que también ellas eran dueñas del hermoso paraje. Los gorriones, de un lado para otro, trinando o cantando.
Las abubillas y los aguiluchos laguneros, los gavilanes, ojo avizor, las palomas volando sin miedo por encima de nuestras cabezas, hasta una perdiz cruzando a su paso la carretera, pidiendo permiso para pasar a su terreno, como un guardia urbano parando el trafico, y, las elegantes tórtolas, siempre en pareja, descansando en cualquier rama del árbol.
Y los conejos, asustados solamente sacaban un poco la cabeza de sus madrigueras con el temor a ser "cazados" por aquella muchedumbre, y las liebres con sus inmensas orejas de un lado a otro como un suspiro.
Quince lagunas constituyen el parque, con un agua pura y transparente tanto que a través de ella se podía ver los peces nadando por el fondo: Barbos, blackbas, carpas de colores y enormes lucios. También por las orillas tomando el sol los galápagos parecían descansar después de hibernar.
Paseando por ese lugar, una puede notar una relajación inmensa, y al mismo tiempo pensar en la paz que se respira, en un paraje la naturaleza nos ha puesto para disfrute y placer de todos aquellos que nos gusta pasear y respirar, contemplando tanta maravilla.

1 comentario:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Gracias Higorca, por compartir esta belleza, que brinda la naturaleza.
Me alegro que disfrutarais.
Un petò.Montserrat