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LA EPIDEMIA AZUL

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Portada: Higorca

jueves, 27 de noviembre de 2008

RECUERDO A UN AMIGO

A veces, las más se agolpan en mi memoria los recuerdos gratos de aquellos amigos que se fueron. Amigos y maestros, personas de aquellas que tenemos tanto que aprender.
No puedo olvidar todas las lecciones que he recibido, no solamente en mi trabajo, también en tantas cosas cotidianas del día a día. Lecciones que recibimos a diario de aquellos que nos precedieron y que quedaron en la memoria para siempre. Quisiera parecerme a ellos.
Hoy quiero recordar y agradecer con estas humildes letras a un amigo que se fue hace un tiempo.
Mario. Mario Seixas, un escultor fantástico, sus manos manejaban el barro de una forma magistral, de una tierra inerte, él, con sus manos y su calor parecía como si les diese vida.
En cada una de aquellas esculturas, de aquellas figuras ponía su alma. Les daba un movimiento que al mirarlas era como si se estuviera viendo una bailarina contorneandose, dando vueltas, bailando sobre un escenario. Aquellas piernas eran como si en realidad tuvieran movimiento.
Cada una de ellas era una historia de la vida. Recuerdo la primera vez que vi una exposición suya, fue en Bélgica. Había recibido uno de los tantos premios como poseía, Me impresiono, aquellas figuras ahora transformadas en bronce, elegantes y al mismo tiempo poderosas. Fue entonces cuando comenzo nuestra amistad,
Me viene a la memoria una de sus obras, no era muy grande, su título: El grito. Podíamos ver a un hombre de rodillas mirando al cielo, con la cara desencajada, los ojos saliéndose de las órbitas, los pómulos hundidos, la boca en forma para dar un grito, sus brazos en posición como pidiendo ayuda. Era algo grande.
Y no hablemos de sus maternidades, tratadas con el máximo respeto hacía la mujer y así se dejaban admirar aquellas figuras o esculturas. Eran tantas las que él había trabajado.
Tenía un estudio impresionante, al entrar todas aquellas figuras se transformaban,con la luz sus sombras estoy segura que se volvían humanas.
Poseedor de grandes premios internacionales. Era grande y como todos los grandes humilde y con un gran corazón, amigo de sus amigos, nunca olvidaba aquellos que le daban la mano, aunque esa mano fuese con una simple palabra. Entregaba su amistad.
Yo también te sigo respetando, te recuerdo como amigo, como maestro, como persona, fuiste valiente como militar y grande como escultor por eso Mario siempre estarás con nosotros, porque tus obras no han muerto, han resucitado y nos acompañan y es como si tú tampoco te hubieses ido. Gracias por dejarnos este legado.