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lunes, 20 de octubre de 2008

INAGURACION DE UN PUENTE

Pequeños samurais



Comida inaguración con samurais




Folclore o danza china
Inaguración puente Akashi


Andrés y María, llevaban ya unos días en el país del sol naciente, habían visitado bastantes rincones, todos ellos de un gusto exquisito.
Ese día estaban invitados a la inauguración del puente colgante más largo del mundo. En la ciudad de Akashi-Kaikyo. Llegaron acompañados por la interprete y guía que le habían asignado, de otra forma hubiese sido un poco difícil para ellos moverse por esos lares ya que todos los letreros estaban en japones y alguno, los menos, en ingles.
Para ir a esa ciudad, tomaron el tren (es el medio de locomoción más usado en ese país)
Todos los nipones lo utilizan, es moderno, rápido y muy limpio. Una curiosidad de las estaciones japonesas son, en todos los andenes tienen puestas una serie de señales en color y también en relieve para que al pisar, las personas invidentes puedan notar al caminar bajo sus pies estas estrías o marcas. Unas indican donde va a estar la puerta, otras a lo largo de todo el anden les indica que están cerca de la vía y no deben arrimarse a ella. Es fantástico lo bien preparado que tienen todo para las personas que tienen algún tipo de minusvalia. Creo que deberíamos aprender todos un poco de ellos sobre ese particular.
También los que afortunadamente pueden ver saben en todo momento donde paran cada una de las puertas del tren que esperan. Todo es perfecto no falla ni un milímetro.
El tren que estaban esperando iba a "tope" la gente no se podía mover, María se quedo en un rincón del vagón esperando no despistarse ya que Andrés estaba un poquito más lejos. Ella, además de estar en un rincón no podía moverse tenía una pierna muy separada de la otra. En una palabra terrorífico.
El único que se pudo sentar fue el samurai que les acompañaba. La guia era su concubina (Otro día hablaremos de eso)
Por fin llegaron hasta el lugar donde se iba a celebrar toda la fiesta y la inauguración.
Ellos tenían reservadas las sillas para sentarse en las primeras filas ya que iban con la comitiva gubernamental. Eso quería decir que lo iban a ver bien ya que lo habían preparado en la arena, a la orilla del mar, ya que el puente iba de una isla a otra.
Había un escenario preparado frente a los asientos donde se sentiría el público.
Empezaron los actos. En primer lugar actuaron los samurai, la actuación, era un simulacro de aquellos ancestrales guerreros. Hace años que no lo son, pero el verdadero samurai (ya que es una clase social) van por la calle vestidos como tal.
Son muy respetados, hasta tal punto que cuando suben al tren o entran en un lugar público. Las señoras, o señoritas se levantan para dejarles el asiento, ya puede ser la mujer muy mayor , eso no importa, se levantan.
Bueno pues, allí, en aquel escenario estaban ellos, los samurai, dispuestos a luchar o, a pelear, vestidos de negro con la ropa amplia, en verdad imponían el verlos así, claro que allí era todo ficticio, solamente era una exibición. Primero actuaron los mayores, luego seguirían los niños, porque, claro, los hijos varones siguen la tradición de los padres.
Las katanas parecían volar, un escalofrío recorría el cuerpo de María, ella sabía que era todo una ficción, pero estaba tan bien estudiado que daba frío cuando les ponía, o ponían ese tipo de espada sobre el cuello del contrario, parecía que en un momento iba a salir despedida del cuerpo. No la katana, lo que parecía que iba a salir despedida era la cabeza.
Después actuaban los niños, ataviados igual que los mayores, dispuestos a la lucha, era algo duro, y al mismo tiempo impresionante.
Para finalizar su trabajo, subieron un padre con su hijo, un niño de corta edad, cada uno con la katana en la mano, era impresionante
También habían venido unas bailarinas chinas, un tipo de folclore del país, eso sí, ataviadas con el traje de Mao, todos en colores pasteles. Bailaban una danza que más bien parecía aires marciales.
Por fin la inauguración del puente y la salida en coche para cruzar de una isla a otra, nunca borraran de su mente Andrés y María aquel día.
Cuando las autoridades de nuevo estaban de vuelta, habían recorrido el puente nuevo, se deshizo la comitiva para que cada uno fuese a donde mejor le pareciese, o donde estuviese invitado.
Andrés y su mujer se acercaron hasta donde estaban los samurais que habían actuado en el escenario, (les habían invitado a través de la guia y del samurai jefe) a comer con ellos y sobre todo a la ceremonia del te.
Andrés pensaba para si mismo, si donde iban había mesa al estilo europeo y de lo contrario al estilo japones.
Cuando llegaron al restaurante pudieron darse cuenta que había mesa, como diríamos nosotros, normal.
A María le gustaba la ceremonia del te por el contrario esa ceremonia, al pobre Andrés se le hacía muy larga, ya que la forma de sentarse para la misma, para los europeos no es fácil.
Pasaron el día rápido y muy interesante, se podía aprender mucho sobre la cultura japonesa estando junto a ellos e integrándote como uno más.
Cuando llegaron al hotel, ese sí era estilo europeo, afortunadamente. Cuando llegaron se dieron una buena ducha antes de bajar a cenar, estaban realmente cansados, seguramente si hubiesen estado solos lo más fácil hubiese sido acostarse de inmediato, pero el protocolo les llamaba, tenían que seguir las normas.