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jueves, 25 de septiembre de 2008

LA VIRGEN DE LAS MERCEDES

Ayer, día 24 de septiembre, fue el día de la Virgen de las Mercedes. En muchos lugares de nuestra piel de toro se celebraban las fiestas, las ferias o bien la fiesta mayor. Todo depende de la comunidad en la que nos encontremos.
En la nuestra las "llaman" Ferias.
Terminan todos los actos su día, y es entonces cuando sale la Señora con su Niño en los brazos, por las calles de su pueblo. Maravillosa, elegante, majestuosa.
Además de tener una cara preciosa, su vestido, es esplendido. En una palabra nuestra Madre es más que eso, nuestra reina.
Nombrada alcaldesa perpetua y honorífica, sale a ver a todos sus vecinos, acompañada de la banda de música y de sus damas que elegantemente vestidas con peineta y mantilla, la preceden, abren paso para que todos aquellos que estamos esperando podamos recibir su bendición. La bendición de la Madre, su beso de amor.
Ayer cuando la vimos salir ricamente engalanada con su blanca mantilla y su corona maravillosa de plata, en filigrana, regalo de un hijo del pueblo que fue su fiel servidor. Jesús Viso. Una persona que desde muy pequeño adoraba a su madre del cielo, también era un buen hijo, no tenía hermanos y decidió que cuando terminara de cuidar a sus padres aquí en la tierra, se dedicaría de lleno a la Virgen de las Mercedes, la patrona del pueblo que le vio nacer.
Así fue, cuando se marcharon sus progenitores él entro en el convento para cumplir su misión , consagrarse de lleno a la Merced, o lo que es lo mismo ser un buen P Mercedario.
Le gustaban las fiestas de su pueblo. Cuando llegaba el día en que la Hermosona (como él la llamaba) Jesús iba detrás durante toda la procesión, rezaba, le cantaba y le decía unos "piropos" preciosos, sentía en lo más profundo de su alma un cariño inmenso a la Virgen Manchega.
Ayer, cuando vi salir a nuestra Virgen, tan guapa, me vino a la mente ese hombre que nos ha dejado este año, pensé que seguramente estaría a su lado, por eso estaba todavía más esplendida.
Nadie se dio cuenta de que unas furtivas lágrimas rodaban por mis mejillas, recordando las procesiones anteriores, tan llenas de alegría.
Yo, hoy quiero hacer un pequeño homenaje a nuestra Madre y a ese hijo que tanto la adoraba. Jesús Viso, un panadero humilde que elevo sus cantos a lo más alto, hasta el infinito para poder ser oído por todos.