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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

sábado, 23 de agosto de 2008

HOMENAJE A UNA MUJER

Es un pequeño cuento. Un cuento que ¿porqué no? Puede estar pasando en cualquier rincón de este planeta llamado Tierra.
En un pequeño pueblo de un no muy lejano lugar, hace ya bastantes años, vivía una familia compuesta por el matrimonio y tres niños.
Al principio de su vida en común todo era fascinante, el marido era un aventurero, le gustaba recorrer lugares distintos. Ella le seguía fiel y feliz.
Pero e aquí que llego el primer bebe, el segundo y el tercero. Fue entonces cuando todo cambio. Eran tiempos duros y aquel hombre que parecía que se iba a comer el mundo, cada día cambiaba de lugar, de trabajo y de forma de ser, ya no era la persona jovial, que le prestaba atención a su mujer y a sus hijos. Por el contrario a veces desaparecía durante unos días sin dejar rastro, quizás ¿Para que no le siguieran? Es posible.
Aquella madre andaba desesperada ante tanto ir y venir por la geografía española, sin tener muchas veces ni un bocado que llevarse a la boca ya que ella prefería que sus hijos comiesen.
Más de una vez cuando los niños eran pequeños los llevaba a casa de sus padres, eso sí. Siempre por turno, ya que era duro para todos, aunque ella sabía que aquellos abuelos les podían dar de comer a sus pequeños.
Mientras, ella, trabajaba de sol a sol. Limpiaba casas y lavaba la ropa ajena en el lavadero del pueblo. En el invierno aquél agua se helaba y tenía que romperse para poder lavar.
Así iba pasando el tiempo, los años, el matrimonio cada vez peor, por la falta de dinero y el mal saber estar de él en las empresas, sin saber donde quedarse. Todo junto iba haciendo agua en el matrimonio.
Los niños iban creciendo, pero todavía eran demasiado pequeños. El único que podía aportar un poco era el mayor de ellos, ayudaba en aquello que su corta edad le permitía, ya que lo que más le apetecía era jugar.
Pero tenía que ir; entre otras muchas cosas a recoger carbón a las bocas de las minas que estaban a unos cuantos kilómetros de su casa para luego venderlo, o, a recoger fruta; la que dejaban por el suelo o en los árboles, aquella que una vez recolectada ya no querían, pero que sin embargo aún había quien daba unos céntimos por ella.
No lo pensó más aquella mujer estaba desesperada, no podían comer, por las noches cosía ropas usadas que le daban (a veces a cambio de arreglos que ella también hacía para lo ajeno) para que sus hijos pudieran ir limpios. Al marido se le olvidaba todo, vivía su vida sin preocuparle nada de lo que pasaba a su alrededor.
No lo pensó, eran unos años duros en todos los sentidos en esta España, pero decididamente se separo, al fin y al cabo nadie iba a notar la diferencia, llevo a sus hijos a un colegio, dejando a cargo de ellos una buena amiga (así lo demostró siempre) para protegerlos y ella se marcho a París. Sola.
Tampoco fue fácil, sobre todo el idioma, pero lo supero rápidamente.
Busco trabajo, lo encontró y un lugar donde vivir, a los pocos meses se llevo a sus hijos y allí se quedaron los cuatro, nunca más se supo de aquel hombre que tanto amo y que él no fue nunca merecedor de ella.
Muchos años después los hijos supieron que había hecho algo deshonesto; se caso de nuevo sin estar viudo, y por aquél entonces separado, nadie supo como, pero estaba casado con otra mujer y tenía cinco hijos más. Se había olvidado de aquellos que habían nacido en mala época, que no tenían comida y también de aquella mujer que tanto le ofreció, que tantas penas había pasado para llegar a comer un trozo de pan duro.
En cambio ella fue valiente, muy valiente. Supo luchar con honestidad. Vivió, trabajo, para darle lo mejor a sus hijos, para verlos crecer con las condiciones necesarias, con lo más imprescindibles que hay, el amor de una madre, el amor de una familia. Fue admirada y respetada por todos.
Este cuento es un homenaje a tantas y tantas mujeres luchadoras, que han tenido que pasar por momentos muy difíciles, en otra época y ¿porqué no? En esta.