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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

miércoles, 5 de diciembre de 2007

CUENTO DEL AGUA -- Autor: Higorca

Estaba allí, frente al mar; ese mar que tanto amaba y que durante tanto tiempo había añorado; ahora había vuelto y se llenaba los pulmones de aquel aire con olor y sabor a sal. Un olor distinto a ese otro que estaba acostumbrada últimamente.
Solamente una punzada de dolor sentía de vez en cuando. Había vuelto sola, perdida; el amor de su vida ya no estaba a su lado, y, eso si que era muy doloroso para ella.
Todas las tardes salía a pasear; aquellos paseos eran su válvula de escape. Le gustaba andar por la orilla del agua, por aquella arena que tantas veces en su infancia y en su juventud había pisado, había jugado, y, donde sintió los aromas profundos por primera vez del amor.
Fue un romance de adolescente, aunque por aquel entonces fuese algo muy importante para ella; claro que ni más ni menos como para todos los chicos y chicas en esa edad.
Luego con el paso del tiempo se dio cuenta que era solo eso un amor de verano, algo pasajero. El amor de verdad era otra cosa. El amor era algo profundo, sereno, que llega con el tiempo, cuando se esta a gusto con la pareja que se ha escogido para pasar el resto de los días.
Por que, eso sí, primero esta la ilusión, el sin vivir por estar a su lado mirando a todas horas el reloj, esperando que llegue el momento del encuentro. Más tarde cuando ya todo esta sentado y los corazones en su sitio, llega la paz, el sosiego, el verdadero amor.
María sacudió la cabeza como ahuyentado esos pensamientos de ella, ahora ya solamente eso quedaba, los recuerdos de tantos y tantos momentos buenos como habían pasado juntos
Esa era la razón por lo que ella estaba allí, mirando su mar, el otro amor de su vida. El mar Mediterráneo. Su vista llegaba hasta el horizonte, donde se une el agua con el cielo, donde se torna todo color esmeralda. Cuando el sol se esconde, cuando el ocaso llega, el cielo se pone rojo, encendido, luego al final de la tarde cuando ese sol esta descansando todo se toma color plata y sus destellos se reflejan en el agua como si de un espejo se tratara.
Había andado durante un buen rato por la arena, hundiendo sus pies en ella, pero ahora cuando la tarde avanzaba, sentía un frío recorrer su cuerpo; la suave brisa, un poco húmeda, la hacia estremecer.
Se sentó en una enorme piedra, era el principio de un muelle bastante largo. Recordaba cuando lo comenzaron, ella era muy pequeña y como todos los niños que iban a bañarse a ese trozo de playa, le gustaba salta de piedra en piedra, era una novedad y les parecía que aquello era divertido.
Ahora con el paso del tiempo y al volver de su "exilio" aquel principio que ella conoció era un inmenso y largo muelle por donde se podia pasear y de alguna forma adentrarse unos cuantos kilómetros en aquel inmenso mar.
Se levanta y comienza andar por el, lentamente, recreándose en el atardecer, mirando aquellas olas que rompían en las piedras. La espuma... blanca llegaba hasta ella en forma de suaves gotas.
A su mente vuelven de nuevo los recuerdos. Ahora; también son dolorosos, lejanos, pero punzantes por que la marcha de aquellos que amamos jamás se olvida, siempre están presentes en nosotros.
Aquel día, jamás se le puede olvidar. Ella ea una niña cuando su hermano se fue, se lo trago el mar. En realidad, no se lo trago... lo devolvió inerte, sin vida, en plena juventud; eso si, murió haciendo aquello que tanto le gustaba, aquello que amaba de verdad. La pesca submarina a pulmón libre. Su deporte favorito. Era campeón de España, y, se celebro el mundial, sí, quedo campeón del mundo.
Quizás no fue suficiente para él, había visto un trofeo en el fondo de aquellas cristalinas aguas, lo quería para él, de nuevo se emergió en ellas, su corazón, su artería, esa Aorta, no pudo más y reventó. Allí termino todo, su juventud, su pasión, sus estudios, su sonrisa, su alegría. Fue un mazazo para todos.
Todo lo pensaba María mientras andaba y miraba aquella espuma blanca, la notaba, llegaba hasta su pelo y se quedaba prendida como si fuesen "motitas" de plata.
Siguió pensando, aquellos recuerdos los tenía siempre presentes:
El teléfono sonó y la noticia más dura pasa a través de aquel hilo; un cordón negro, al igual que el mensaje que pasaba en aquel momento por el:
-El agua, el mar que tanto nos gustaba a Manuel y a mí, nos enseño los dientes de una forma cruel. Claro que pensándolo bien el mar no fue culpable de nada. Más bien la juventud que nada piensa y que elude todo tipo de riesgo.
Sacude fuertemente la cabeza, quiere alejar esos pensamientos pero no puede, ahora al volver a estos lugares están más presentes que nunca. Dos lágrimas ruedan por sus mejillas, no hace nada por quitarlas a fin de cuentas nadie la ve y si acaso se cruza con alguien pueden pensar que es la brisa. La brisa que la había mojado.
Aquel verano se termino todo para nosotros. No pise ni un día más aquella arena que tanto me embriagaba. Tampoco yo me zambullí en mi mar, en mi Mediterráneo.
Sentí que todo se me hundía, al mismo tiempo no quería que mis padres me vieran sufrir o llorar amargamente. Por esa razón buscaba los lugares más recónditos, los lugares que solamente yo sabía, y era allí donde me desahogaba. Luego cuando todo se restablecía en mi interior y sobre todo en mi cara. Quiero decir que cuando la sonrisa de nuevo surgía de mis labios y de mi mirada, salía y me sentaba al lado de mis padres, de mi familia que ahora se había quedado un poco coja.
Paso un año y según los mayores jamás olvidaríamos a Manuel (en eso llevan razón, después de muchos años jamás lo he olvidado ni un solo día) pero eso sí, se iría calmando el dolor. Yo, no pensaba igual, solamente una cosa sabía; cada día que pasaba me acordaba más de aquel ser maravilloso que había estado junto a nosotros.
Al siguiente verano de nuevo pudo pisar la playa, aquella arena dorada y entrar en el agua salada y verde, o quizás, era azul transparente, no podría decir el color que tiene el mar, cada día es distinto, pero hasta ese día en que esta embravecido, gris oscuro, negro... hasta entonces... esta bellísimo.
Quería de nuevo sentir la sensación de poder bucear, pensaba que no debía dejar de hacerlo, se lo debía a Manuel. Yo bajaría de nuevo a las profundidades para poder gozar de las maravillas que hay debajo de esas olas. La vida que no conocemos muy bien.