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CONCIERTO DE MORENTE

LA EPIDEMIA AZUL

LA EPIDEMIA AZUL
Portada: Higorca

jueves, 8 de noviembre de 2007

LOS RECUERDOS

Ha veces nos asaltan recuerdos que nos hace felices, otros en cambio nos entristecen y nos llevan a recapacitar para pensar que es lo que ha salido mal, o, porque paso aquello sin querer. Sacudimos la cabeza fuertemente para que se escape y nos deje de mortificar.
Me gusta pensar, recordar todo aquello maravilloso que me paso, sin importarme la edad, ni el tiempo que ha pasado, y tampoco que otros momentos de la vida han sido mejores. Nada de eso, son recuerdos maravillosos que viven en nosotros.
Me ha contado una persona mayor uno de sus recuerdos; la persona en cuestión tiene ya casi los cien años ¿cuantas anécdotas puede tener? Un sin fin después de tan larga vida. Una de ellas es muy curiosa: esta persona desde muy temprana edad era maquinista de un cine, vaya, como dice él. "El chico que echaba la película". Eran los años de la guerra, y él un chaval muy joven. No importa de que bando era, eso hoy ya no tiene importancia, ya que debemos guardar las hachas de guerra y querernos todos un poco más, ya que la vida es muy larga, pero al mismo tiempo muy corta y digo yo, que, para que pelear por una tontería.
Bueno pues el chico como ya he dicho anteriormente era un chaval que todavía no conocía mucho del mundo; también es verdad que a través del cine podía saber más cosas que otras personas. Él vivía en un pueblecito más bien pequeño y no había salido mucho al exterior. Pues como todos tenía una curiosidad, pero no era poseedor de ninguna radio donde poder escuchar las noticias que a él le interesaban, y según tengo entendido tampoco era el momento más adecuado para escuchar algunas de las emisoras que por aquel entonces estaban prohibidas. Pues bien, él se hizo una radio clandestina, aunque había un problema, necesitaba la lampara que tenía la máquina, no lo pensó dos veces, se la quito y la puso en el aparato, a escondidas escuchaba aquello que le interesaba tanto. Al decírselo al dueño lo que le pasaba, quiero decir que se le había fundido la lampara de la máquina, el señor le pidió que se la diese para poder comprar otra igual, se las ingenio, la he tirado a la basura, claro que ya no la encontramos, porque ha sido al barranco. Debió decirlo con verdadero énfasis, ya que el buen señor se lo trago y tuvo que traer más de una para saber la que en realidad podía encajar en dicha máquinita.
Mientras el señor mayor me lo contaba, yo le miraba a los ojos, note que la alegría le inundaba al decir algo que había sido un poco peligroso para él, ya que en aquella época, no se podía jugar con todas esas cosas, a la primera de cambio se torcían, maravilloso recuerdo para un señor que a pesar de sus años sigue teniendo su mente lúcida y fresca como si en realidad fuese un joven.